david de miguel angel

Primarios ellos, los hombres viven pendientes del centímetro y del tamaño de sus atributos. En lugar de concentrarse en aprender técnicas amatorias que nos hagan llegar a las mayores cotas de placer; algo tan sencillo como estudiar algo de anatomía femenina, prefieren martirizarse comprobando cómo existen otros iguales que no lo son tanto porque sobresalen por la longitud o dimensión de su pene.

Ridículo, pero real como la vida misma. El caso es que la Naturaleza se alía contra ellos y a ese “nunca es lo suficientemente grande” se les antoja como enemigo el frío. Todo un minidrama biológico.

Los científicos, machos ellos la mayoría, no han dedicado mucho de su tiempo al asunto. Mejor dicho, nos obsequian de cuando en cuando con rankings acerca de la materia, pero no han abordado grandes estudios acerca de la jibarización del miembro viril.

Quizás porque tiene una explicación de lo más sencilla, que tiene que ver con la termodinámica corporal y no con una venganza de los dioses para convertir el adminículo de los semidioses de la Naturaleza en algo nada destacable.

Y vamos al hecho de estudio. El ser humano tiende a mantener de manera estable la temperatura de su cuerpo y para ello actúa de dentro a fuera. Es decir, lo primero es proteger lo interior y lo último, lo exterior. Y todo lo que queda en la epidermis sufre las consecuencias y, claro, la pagan y de qué manera los atributos masculinos.

Cuando arrecia el frío, se produce una redistribución del calor y los vasos sanguíneos cambian su funcionamiento. Se bombea más sangre hacia dentro y, en cambio, menos hacia la superficie. Un acto reflejo de nuestro sistema de alerta que tiene una consecuencia inmediata, ya que están absolutamente expuestos al ambiente.

Esa contracción de los vasos sanguíneos del perímetro corporal para llevar la sangre caliente al interior hace que el muchachito se contraiga y parte de él quede recogido en torno al tejido graso que recubre el pubis -cual caracol cuando se esconde en su caparazón-.

Algo parecido ocurre con los testículos, que se contraen y se pegan al cuerpo para mantener lo más estable posible la temperatura de los espermatozoides, que los soldaditos también son sensibles al frío.

Nada grave, que cuando la temperatura vuelve a la normalidad, el miembro vuelve a su alegría y tamaño habituales.

En cambio, si lo que pega es la calor, el pene se alarga porque de este modo aumenta su superficie epidérmica y puede liberar mejor ese exceso de temperatura. Seguro que algún envidioso ya ha encontrado una justificación natural para argumentar el porqué del tamaño de la pirola de los morenos.

Laura Castillo. Enfermera y periodista

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