Kalúa, mi amada mestiza

Kalúa, mi amada mestiza

Nada como una mirada. A través de los ojos, consciente o inconscientemente, nos desnudamos ante los semejantes. Ternura, cariño, amor, odio… todo está representado en un cruce de miradas. Somos capaces de reconocer a una madre y a su hijo o viceversa con ese sencillo mecanismo.

Pero no se crean que es un sentimiento exclusivamente humano, también forma parte de los mecanismos de comunicación con nuestras mascotas. Y no nos referimos, claro, a la mirada que le lanzamos a nuestro ‘bobby’ cuando nos obsequia con monerías, sino a la que nos envía el susodicho. 

Una mirada de un perro también es una señal que nos lanza de la existencia de un vínculo afectivo, de una unión emocional. Y una vez más, el tema tiene que ver con nuestras amigas las hormonas y en concreto con la oxitocina, la denominada hormona del amor, que no deja de ser la hormona que excita el sentimiento de placer o recompensa.

Y esta hormona se excita -se pone a producir como una posesa- cuando nuestra mascota nos lanza una mirada de amistad.

En el experimento que ha publicado la revista Science se puso de manifiesto cómo perros y humanos refuerzan sus vínculos biológicos en un circuito neuronal de retroalimentación impulsado por la oxitocina, tal y como ocurre entre padres e hijos, gracias a una simple mirada mutua.

“Cuando perro y dueño se miran, ambos muestran un aumento de la oxitocina”, ha explicado a Sinc Takefumi Kikusui, investigador en el departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad y autor principal del estudio.

Midiendo los niveles de oxitocina de la orina tanto de perros como de sus dueños, antes y después del experimento, los investigadores descubrieron que el contacto visual prolongado entre ambos propició un aumento en las concentraciones de oxitocina en el cerebros de los dos.

“No hay diferencia entre sexos en cuanto a la secreción de oxitocina. En el primer experimento, no observamos esta diferencia, lo que sugiere que los machos también crean vínculos con sus dueños como lo hacen las hembras”, comenta Kikusui.

Curiosamente, los resultados de este experimento no son extensibles a los lobos, lo que significa que es un salto evolutivo a favor de los perros en su interacción con los humanos.

Laura Castillo Casi. Enfermera y Periodista

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