dejar de fumar

Dejar de fumar o seguir fumando… una cuestión abordada ampliamente con eso de la celebración del Día sin Tabaco. En general, si uno pregunta por ahí, en torno a abandonar ese mal hábito se topa que uno de los elementos que más aterra antes de tomar esta decisión es la cantidad de kilos que vamos a añadir a nuestra anatomía. Y claro, eso como que no ayuda mucho.

Y ciertamente, es un riesgo grande para los exfumadores. Y tiene que ver en gran parte con la reeducación de los sentidos que se produce cuando decimos adiós al tabaco. Sobre todo, a dos: el del olfato y el del gusto.

La nicotina, además de los efectos nocivos sobre el organismo en general, tiene un efecto en el gasto energético. El organismo del fumador que practica alguna actividad física consume más calorías para eliminar los tóxicos que contiene el tabaco y si dejamos de fumar y seguimos comiendo lo mismo, pues ya sabemos a lo que conduce.

Además, no solo activa las neuronas que disparan las ganas de fumar, sino que también activa un pequeño grupo de neuronas del hipotálamo que regulan las señales del organismo indicando que ha comido suficiente. “El hipotálamo es un área del cerebro que integra señales procedentes de nuestros intestinos y de la presencia de grasa diciendo al cerebro que necesitamos comida o que tenemos suficientes calorías”, subraya uno de los autores de un estudio sobre la nicotina y el peso corporal.

Pero quedémonos con los sentidos. Si dejamos de fumar, notamos que nos apetece más el dulce. Eso tiene que ver con los niveles de adrenalina, que elevan la glucemia. Cuando un fumador tiene hambre, tira de un cigarro y se le pasa, se calma esa necesidad. Pero si no fumamos o acabamos de dejarlo, es más que común que sustituyamos el cigarrito por un dulce, rico en azúcar. Y entonces, vuelta a la casilla del principio, a engordar toca.

Esto en cuanto a físico, porque el aumento de nuestra percepción sensorial al dejar de fumar tiene un efecto malvado. Se provoca el efecto de que, a más sabor y olor, más ganas de comer.

Y sirva esto como esbozo. Quédense con esta recomendación: al dejar de fumar debemos limitar nuestra ingesta calórica en un 10% y acostumbrarnos a aliviar la ansiedad con algo que no sea comida. Del mismo modo, piense que ese aumento sensorial se disfruta mucho más con el paladeo; es decir, disfrutándolo lentamente.

Les aseguro que en seis meses, si es capaz de ese autocontrol, se le pasarán las ansias y habrá comprobado que dejar de fumar no es incompatible con mantener el peso.

Laura Castillo. Enfermera y periodista

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