Rata que imagina

La evolución especializa a las diferentes especies que pueblan en el desarrollo de determinadas habilidades que les facilitan la supervivencia. Aparentemente, a los humanos nos ha correspondido la de la inteligencia, y con ella la del razonamiento; es decir, descubrir una lógica de funcionamiento de determinados hechos o, si lo prefieren, la capacidad de vincular causas y efectos y anticipar, por consiguiente, lo que puede ocurrir.

Desgraciadamente, esa facultad que permite la resolución de problemas, la extracción de conclusiones y, en definitiva, aprender de manera consciente de los hechos se va deteriorando según cumplimos años o envejecemos. Pues bien, a medida que se avanza en los trabajos en los laboratorios, se comprueba que no somos los únicos, y que otras especies, como las ratas, también son capaces de imaginar.

Inicialmente, esta fase de aprendizaje en los animales siguen las teorías de Paulov y se basan en la repetición como un elemento fundamental (si cada vez que suena una campana damos de comer a un perro, este asocia esos dos elementos y haya o no haya comida, ante el tañir siempre esperará su vianda).

Las últimas investigaciones muestran que ratas y humanos comparten, además, un mecanismo neurológico en el hipocampo que permite a ambas especies  desarrollar conceptos y  formar representaciones mentales a partir de la información que obtienen de su entorno.

Es decir, que son capaces de imaginar, de crear representaciones mentales tan reales como las humanas y que pueden memorizar dichas representaciones y separarlas de la percepción de los objetos y de los acontecimientos externos. De hecho, cuando el equipo desactivó el hipocampo en los roedores, comprobaron como ‘desaparece’ su capacidad de imaginar. Ahora bien, y ahí está lo inquietante, en algún momento de la cadena evolutiva, su desarrollo cerebral quedó ahí parada y no fue a más y, en cambio, en nosotros los humanos dio un paso adelante.

Y resulta inquietante porque, tal y como se las gasta la evolución, nadie ni nada puede impedir que estos animales -esa capacidad comprobada ahora en las ratas, pero también se ha observado en algunas especies de aves y de simios- dé un salto evolutivo y conviertan en realidad lo que se narra en la película ‘El Planeta de los Simios’.

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