amigos

Las redes sociales han pasado de ser un acicate para que las almas solitarias o los tímidos encuentren su acomodo en la realidad virtual a convertirse en una loca carrera por alcanzar la popularidad y ser nominado el rey o la reina de la fiesta de graduación. Pero lo que realmente hacen es trazar una nueva frontera entre lo que consideramos pasarlo bien o vivir en un continuo estrés.

Y me explico. Frente a la creencia de que cuantos más amigos tengamos en Facebook o seguidores en Twitter, mejor para nosotros… llegan los científicos y te chafan asegurando que tener más de 354 es traspasar el umbral de la ‘depre’ porque convierte a la red de turno en un motivo de preocupación.

Y todo tiene que ver con la necesidad de acudir a nuestro muro a cotillear cómo se desenvuelven nuestros amigos virtuales y con el aluvión de información que recibimos. Y no es que se trate de que seamos unos amargados, pero como la mayoría de la gente no hace más que poner anuncios y comentarios de lo ‘happies’ que son, aunque no lo sean… al final, tanta positividad nos sienta como un jarro de agua fría al comprobar lo miserable que resulta nuestra existencia comparada con el mundo que nos rodea. Y por mucho que sepamos que en esa feria de las vanidades que son las redes sociales la gente miente más que Pinocho en sus buenos momentos, lo cierto es que nos acaba minando la moral.

Eso al menos certifican los datos de un estudio llamado ‘El paradójico efecto de las redes sociales en el bienestar’, que fue presentado en la reunión anual de la Sociedad de Psicólogos Sociales y que concluye el dato mágico es no superar los 354 amigos para no ser infelices.

Los psicólogos que realizaron el estudio le preguntaban a los usuarios de Facebook de qué forma valoran su vida: quienes tenían muchos amigos (más de 354) decían no sentirse bien después de ver los estados de sus amigos, todo lo contrario de quienes se aproximaban a esa cifra.

Los investigadores lo achacan a lo que se denomina disonancia cognitiva, un fenómeno que puede sucedernos en otros aspectos de nuestra vida, como salir a pasear solo por un parque y comprobar que estamos rodeados de amorosas parejas.

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