antojo

Hoy nos adentramos en el mundo de los antojos. Tradicionalmente, sobre todo en las embarazadas, se da el caso que sin venir a cuento surgen unos irrefrenables deseos de comer determinado tipo de alimentos y a todas horas. Es como un mensaje del organismo que reclama la ingesta de ciertos tipos de sales, minerales o vitaminas.

Pero no solo es eso, que si lo miran detenidamente los antojos también son familiares a todo tipo de sujetos, no solo a las que van a ser mamás. A todos nos pasa alguna vez: un ansia por comer algo que es tan fuerte que somos capaces de ver esa comida y recrear sus olores y sabores.

Y sepan que los antojos tienen más de psicológico que de fisiológico. Por ejemplo, si lo que le pide el cuerpo es chocolate, algún sesudo dirá que lo que le pasa realmente es que tiene una carencia de magnesio en su organismo, y de ahí las ganas de darle un buen mordisco a la tableta. Y entonces, va y llega otro y le dice que si es por magnesio, mejor emular a Popeye, que las espinacas tienen mucho más magnesio que el chocolate… y como que no, que no son tan apetecibles.

Los psicólogos salen al paso asegurando que los antojos de comida tienen mucho más que ver con las experiencias vividas en torno a ese alimento que otra cosa. Y que en esa experiencia juegan un papel fundamental nuestros sentidos: la vista y el olfato fundamentalmente, en forma de recuerdos que nos hacen ensoñar con ese platillo.

Del mismo modo, en un experimento se probó que si nos asalta un antojo, lo mejor es distraernos pensando -en imágenes- en otros asuntos. Aunque eso será objeto de otro post. En cualquier caso, los psicólogos nos recomiendan dejarnos sucumbir ante esos antojos para que no se conviertan en obsesión.

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