paracetamol

Uno de los grandes avances en farmacología, en Medicina en definitiva, ha sido el descubrimiento de determinados compuestos que nos ayudan a resistir el dolor. Ya sabemos que cada uno de nosotros cuenta con una capacidad de resistencia diferente, un umbral diferente ante el dolor, pero más tarde o más temprano, todos tenemos que acudir a estas pastillas o inyectables milagrosos que nos alivian o mitigan esa terrible señal que emite nuestro cerebro para indicarnos que algo va mal.

Sin duda, uno de los más populares desde hace muchas décadas es el ácido acetilsalicílico, conocido por todos como aspirina, aunque en los últimos años ha cedido paso al paracetamol, uno de los medicamentos más comercializados en la actualidad, ya sea en forma de genérico o comercializado junto a otros compuestos.

Sus efectos analgésicos están probados, su precio asequible y su acceso es casi universal: se vende sin necesidad de receta médica. Ahora bien, todos los medicamentos tienen su lado oscuro, su parte negativa: los temidos efectos secundarios. Sobre todo si se abusa de su consumo. Y no nos referimos precisamente a que el abuso de analgésicos puede acabar por hacernos menos tolerantes a sus efectos -que necesitamos más dosis para que tenga éxito su ingesta- sino a otro tipo de efectos secundarios.

La investigación se realizó en 2013  y el grupo de investigadores quiso saber el efecto que tenía el paracetamol sobre las emociones negativas de los humanos, sobre su afectividad. Y el resultado no deja de ser sorprendente, ya que según se desprende parece mitigarlas, amortiguarlas. Para ser más claro, las atenúa y nos hace algo más insensibles.

Son resultados preliminares, pero interesantes, y los autores apuntan tímidamente que su investigación refleja una alteración del sentido de magnitud y de la capacidad de evaluar correctamente los extremos, aunque aun queda por comprender el mecanismo por el que ocurre y por qué afecta a nuestras emociones.

Los investigadores apuntan a la serotonina, un neurotransmisor que influye en el control del dolor y en el estado de ánimo, y piensan que esta hormona tiene mucho que decir en esta mitigación de las emociones. Pero, como siempre ocurre en Ciencia, es un apunte que tendrá que ser demostrado en posteriores investigaciones. Del mismo modo, habrá que ampliar el nivel de investigación a otros analgésicos para comprobar realmente estos efectos.

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