Estetoscopio

Ya hemos comentado en más de una ocasión que el azar forma parte de la vida y que sin él no serían explicables muchos de los grandes pasos que ha dado la Humanidad en el progreso. En esta ocasión, el azar se vistió de timidez.

Nadie se imagina a un médico o una enfermera (o médica y enfermero) sin llevar colgados al cuello su inseparable estetoscopio. Pues este inventó se debe a René Théophile Hyacinthe Laennec, un pudoroso galeno que vivió a caballo entre los siglo XVIII y XIX, y a quien incomodoba pedir a sus pacientes que se desnudaran y acercar su oreja para sentir los latidos de su corazón, sobre todo cuando se trataba de mujeres.

Así que emulando a los juegos de niños de su infancia, Téophile decidió, cuando pasaba consulta a una joven de grandes curvas, enrollar una hoja de papel en un cilindro y aplicar uno de los extremos a su pecho. Era cuestión de pudor… pero inmediatamente comprobó que escuchaba los latidos de una manera más clara y definida de lo que jamás había escuchado.

Había nacido el primer estetoscopio, que había que perfeccionar y en eso se afanó. En su libro ‘De l’auscultation médiate ou traité du diagnostic des maladies des poumons et du coeur fondé principalement sur ce nouveau moyen d’exploration’, describió el primer y rudimentario estetoscopio.

Se trataba de un cilindro de madera, cedro o ébano, de cuatro centímetros de diámetro y treinta de largo, perforado por un agujero de seis milímetros de anchura y con forma de embudo en uno de sus extremos. Un artilugio que permitía por primera vez en la historia de la medicina detallar nuevos términos como pectoriloquia, egofonía, crepitación o estertor y detallar enfermedades desconocidas hasta entonces.

Como médico, Laennec fue un pionero al que debemos, además del aparato en cuestión, la delimitación de cuadros semiológicos de enfermedades cardíacas y pulmonares y la descripción de lesiones anátomo-patológicas, como el enfisema, el infarto pulmonar o el neumotórax, además de numerosas cuestiones relacionadas con la tuberculosis.

Y una vez inventado, llegó la sofisticación y la técnica hasta llegar a los estetoscopios que actualmente conocemos… pero eso es otra historia. Hoy nos quedamos con la timidez de un médico que supuso un salto de gigante en la Medicina.

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