St. Bernard Dog

En numerosas ocasiones hemos escuchado esa frase de que lo mejor cuando estamos helados es “darnos un calentón” tomando un trago de alcohol. De hecho, los aficionados a la montaña suelen partir con una petaca de alcohol de fuerte graduación como antídoto eficaz ante una bajada de temperatura. También la imagineria al uso nos ofrece la imagen del perro salvador en la nieve, el san bernardo, portando en su cuello el barrilito con coñac para los sufridos montañeros perdidos.

Y el remedio resulta verdad a medias, pero sobre todo muy poco eficaz para prevenir la hipotermia, ya que el consumo de alcohol realmente lo que provoca es disminuir nuestra temperatura corporal. No obstante, comentamos que resulta una verdad a medidas porque a corto plazo la sensación placentera y de entrar en calor es real.

Y el asunto tiene su explicación. El alcohol actúa como un vasodilatador; es decir, su ingesta provoca que aumente el tamaño de los capilares. En especial este aumento se produce en aquellos que tenemos en la superficie de la piel. Al aumentar su tamaño, aumenta en paralelo el flujo de sangre a los mismos y por esto se produce la sensación de que la piel aumente de temperatura.

Esa es la sensación de calor que nos provoca. Pero, y siempre hay un pero, esta nueva distribución de nuestro torrente sanguíneo lo que está provocando realmente es un cambio en todo nuestro sistema y ese ‘exceso’ de calor que reciben los capilares es posible gracias al descenso de temperatura en otras partes de nuestro cuerpo. Asimismo, altera una de las reacciones de protección que nuestro cuerpo pone en marcha para evitar la hipotermia: restringir el flujo sanguíneo para mantener la temperatura corporal; al menos, en los órganos que resultan vitales.

Además ese aumento de calor en los capilares hace que aumente nuestra sudoración, una vía de escape para ese calor que resulta vital para prevenir la congelación, y también actúa como un elemento que paraliza uno de los recursos de nuestro cuerpo para conseguir algo más de calor: tiritar (ese movimiento reflejo ante el frío no deja de ser un recurso natural para mantenernos algo más calientes).

O sea, que a corto plazo ese trago nos produce un efecto saludable o tranquilizador, pero a largo y a medio plazo, lo que estamos haciendo es disminuir nuestras reservas para hacer frente a la hipotermia.

Y dicho lo dicho, ahora depende de usted si prefiere llevar una petaca de coñac entre su equipamiento de supervivencia en la montaña o, por el contrario, equiparse con otro tipo de alimentos que mejoren la hipotermia.

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