toro

Sobre la vista de los animales existen numerosos mitos. Quizá, dos de los más extendidos son ese que dice que los perros ven en blanco y negro y que los toros embisten al rojo. Y son tan extendidos como falsos. Sobre el primero ya hemos escrito en alguna ocasión desde este sitio, y ya les contamos, en resumen, que los perros sencillamente cuentan con un espectro de colores diferente al nuestro.

Sobre el segundo ocurre algo similar. De entrada, los toros no ven el rojo del mismo modo que lo vemos nosotros. Como otros muchos animales y a diferencia de los humanos, son dicrónimos; es decir, descomponen el espectro luminoso en dos componentes esenciales -en lugar de los tres que hacemos nosotros- y en función de la combinación de esos dos colores básicos componen toda su gama cromática, que lógicamente es más reducida que la de los Sapiens.

Eso quiere decir que su rojo no tiene nada que ver con nuestro rojo. Así que disfruten con tranquilidad de sus paseos por el campo vistiendo de rojo, haya o no toros o vacas sueltos por el prado, que no le atacaran. De hecho, los toros bravos no son tan fieros como los pintan. Ahora bien, si es de los miedosos o se topa con alguno, lo único que tiene que hacer es moverse con lentitud.

Los toros no embisten contra el rojo, ni siquiera contra el capote, no son capaces de discriminar entre la tela y el cuerpo del torero. Simplemente dirigen su fuerza a lo que se mueve con brusquedad. Ahora bien, por su visión, si este movimiento se realiza con lentitud, su cerebro procesará su cuerpo como algo inerte. Algo parecido ocurre en la plaza, donde el animal otorga vida al capote en movimiento; y por eso se dirige a él y no contra el cuerpo del torero.

Es decir, que de engaño nada de nada, más bien es aprovecharnos de la debilidad de su vista. La clave está en el cerebro. El de los primates superiores tiene un lóbulo occipital (la parte encargada de procesar la visión) muy desarrollado, mientras que la de otros animales, como la de la mayoría de los mamíferos, es menor. Quizás por ello, mientras que para los humanos la visión es un sentido esencial, los otros animales se fían más del resto de sus sentidos, como el oído o el olfato.

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