orificio bolígrafo

Uno de los asuntos que más preocupan a los padres son los accidentes domésticos de los más pequeños. Y seguro que les trae de cabeza la poca sensibilidad de las empresas fabricantes ante la posibilidad de que estos ocurran por el ‘mal uso’ que los niños dan a todo lo que cae en sus manos.

Sobre todo los más canijos y esa costumbre, que quién sabe dónde la han aprendido, de llevarse todo lo que encuentran a la boca. Afortunadamente, en el ramo también hay gente sensible que pone el diseño a trabajar para evitar accidentes (hay un promedio de 100 atragantamientos al año por esta causa). Y por si acaso, allá va un truco.

Posiblemente habrá observado que, últimamente, los bolígrafos tienen en el tapón superior un orificio en la parte de arriba. No se trata de un capricho o de un defecto, es una medida que evita que si nos lo tragamos nos corte la respiración.

Una medida sencilla que puede evitar más de un susto. Aunque a simple vista les parezca que resulta imposible respirar por tan pequeño orificio, es suficiente para que entre aire en los pulmones mientras el atragantado recibe atención médica.

O mientras se le practica la maniobra de Hiemlich. Si es que sabe hacerla. Es una técnica de emergencia para evitar la asfixia cuando se bloquean las vías respiratorias de una persona con un pedazo de alimento u otro objeto. Se puede utilizar de manera segura tanto en niños como en adultos, pero la mayoría de los expertos no la recomiendan para bebés menores de un año. Se puede llevar a cabo esta maniobra en uno mismo.

Es relativamente sencilla: si el atragantado está consciente, sitúese detrás de él y coloque los brazos alrededor de su cintura. Coloque el puño, con el pulgar hacia adentro, justo por encima del ombligo de la persona, y agarre el puño firmemente con la otra mano.

Tire del puño con fuerza y abruptamente hacia arriba y hacia adentro para aumentar la presión en la vía respiratoria por detrás del objeto causante de la obstrucción y forzarlo a salir de la tráquea.

Así que ya sabe, a revisar sus bolis y, si no tienen el agujero, hágalo usted.

Laura Castillo Casi. Enfermera y periodista

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