sexo y felicidad

Foto de Ferran Jordà

De adolescentes -y a veces de no tan adolescentes- medimos las cosas por la cantidad y no por la calidad. Tener más o hacer más es la guía. Pero después, cuando vamos atesorando experiencias, nos damos cuenta de que ‘más’ no siempre es equivalente a ‘mejor’. Y en lo tocante al sexo, la afirmación parece una de esas verdades que se consideran inmutables.

Los amantes del cálculo de probabilidades seguro que contradicen esta afirmación, por aquello de que cuantos más boletos tengas en la rifa, aumentan las posibilidades de alcanzar el premio. Así que, teniendo en cuenta ambas afirmaciones, un grupo de científicos se adentró en las procelosas aguas del sexo y de las relaciones de pareja para comprobar si aumentar las relaciones sexuales en una pareja aumenta los niveles de felicidad.

Para ello, cómo no, acudieron a la experimentación práctica y diseñaron una prueba con esos parámetros; es decir agrupando a un número de parejas y darles dos tipos de consignas diferentes. A uno, duplicar el número de encuentros sexuales que habitualmente practicaban durante la semana; y al otro, mantenerse en su ‘rutina’ habitual durante un periodo de tres meses.

Transcurrido el tiempo, les sometieron a un test para evaluar sus niveles de felicidad y comprobar si el aumento de la frecuencia se constituía en una variable determinante.  Y las conclusiones no dejaron de ser tristes para el primero de los grupos. “Aumentar las relaciones sexuales más allá de lo habitual les condujo a una disminución en el deseo y disfrute del sexo”, explican los científicos.

Pero no se me alarmen, que los científicos no forman parte de los que reclaman la abstinencia. Que la conclusión no va tanto por el sexo como de los niveles de felicidad y que, en eso, lo obligado resulta un factor determinante. Así que, siguiendo sus conclusiones, habría que desterrar de la práctica de las parejas los ‘convenios sexuales’ -por ejemplo, eso de ‘sábado, sabadete…’-, que la improvisación y el deseo espontáneo no hay que erradicarlo en las relaciones de pareja  y que el sexo es una inagotable fuente de salud.

Que lo que mata la felicidad es la obligación, no el aumento de la frecuencia de los contactos sexuales.

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