te helado

Foto de Pen Waggener

Tanta mala prensa acumulada sobre el café y sus efectos negativos sobre el organismo que una buena parte de la población intenta cambiar de hábitos y pasarse al té. Sobre todo ahora que el calor aprieta y nada tan refrescante, y sano, que un buen vaso de té helado en lugar de las bebidas carbonatadas al uso, que además no quitan la sed.

Ahora bien, no se echen en brazos de las ‘hierbas’ sin más, que ingerir algo de manera incontrolada también puede provocar efectos perjudiciales. Partamos de la base de que el té y, en general, las infusiones presentan ventajas sobre el café por sus propiedades antioxidantes y depurativas.

Pero también contribuyen a elevar el nivel de creatinina en la sangre -que se deriva en problemas hepáticos- y en oxalato, un compuesto tóxico que afecta muy mucho al riñón. Y en esto tienen mucho que ver los excesos.

Los expertos aconsejan que el consumo de tisanas e infusiones no debe superar nunca el umbral de los 100 mililitros al día; o si lo prefieren, que la cantidad recomendada de oxalato es de 40-50 miligramos. En términos coloquiales, no tomar más de dos o tres vasos de té al día -sea helado o en infusión caliente-.

El exceso de oxalato es un veneno que podría condenarle a un trasplante de riñón o a vivir pegado a una máquina de diálisis de por vida. La moderación es el eje del equilibrio. Debe tener en cuenta que, además del té, consumimos porciones de oxalato cuando comemos frutos secos, moras o frambuesas, entre otros muchos productos vegetales.

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