remolino

Foto de Manuel

Verano es sinónimo de agua, la que buscamos para refrescarnos y la presente en actividades de ocio en torno a ríos o playas. Y con estas últimas, llegan los accidentes. Uno de los que tienen peores consecuencias es caer atrapado en un remolino de agua, frecuentes en determinados ríos de ‘aguas vivas’ o en playas donde las corrientes confluyen, como ocurre en los golfos.

Los remolinos son, básicamente un punto de confluencia de dos corrientes de agua, un punto donde el agua se mueve con un movimiento rápido y circular, y que con frecuencia causan una espiral descendente llamada vórtice. Pueden ser de distinto tipo, según el origen de las corrientes opuestas.

Así pueden ser de mareas (mareas ascendentes y descendentes que chocan en un punto), pueden surgir cuando las corrientes que fluyen en direcciones opuestas se encuentran o aparecer en los ríos, cuando en espacios estrechos donde chocan dos corrientes, una más lenta y otra más rápida.

Si por error o descuido caemos en un remolino y nos atrapa la corriente que no nos permita salir, hay que intentar por todos los medios alcanzar la corriente inferior que nos sacará de allí. Así que, primer consejo: dejarnos llevar.

Segundo consejo: hacernos una bola para pesar más, hundirnos más rápidamente y alcanzar la deseada corriente inferior. Una vez en ella, esa corriente nos sacará del atolladero y saldremos sanos y salvos.

Tercer consejo: no hay que intentar nadar contra la corriente o intentar mantenernos a flote, ya que de ese modo nos quedaremos atrapados en el remolino y no podremos salir jamás. Lo único que conseguimos es cansarnos y quedar a merced del rebufo.

Así que, ya sabe, hay que mantener la calma, dejar que el remolino nos arrastre hacia abajo y alcanzar la corriente inferior. Una vez en ella, con un poco de buceo saldremos a flote lejos del remolino.

Laura Castillo Casi. Enfermera y Periodista

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