sal

Una de cada cinco personas que alcanza los 40 años es hipertensa. Todo un problema de salud, ya que esta enfermedad deja graves secuelas en forma de ictus o problemas vasculares, sean cerebrales o coronarios. Todos ellos consecuencia de que la presión de la sangre por las ‘cañerías’ por las que circula no sea la adecuada.

Periódicamente, una vez al año al menos, nos alertan de esta enfermedad y nos bombardean con una multitud de consejos saludables que pasan, en buena medida, por controlar la ingesta de sal en las comidas. Y ciertamente, los humanos comemos más sal -sodio- de la que necesitamos. Ahora bien, una cosa es el control de este alimento y otra es la erradicación total de nuestra dieta.

Más allá de su incuestionable papel como potenciador del sabor mientras cocinamos, la sal es beneficiosa para el ser humano. Curiosamente, diversos estudios determinan que el consumo de sal en el mundo es más o menos similar, con independencia de sexo, raza o edad. Es decir, que su ingesta no depende de una cuestión cultural y que tiene que ver más con una base biológica del comportamiento del organismo de los humanos.

El sodio es útil para prevenir la deshidratación, para la correcta transmisión de impulsos nerviosos y para el normal funcionamiento de las células. Si no se consume sodio, nos morimos. Asimismo, hay especialistas que apuntan que la sal es un alimento que ayuda a reducir el estrés.

Es una cuestión, por lo tanto, de moderar su consumo y tomar sal en la dosis correcta. De hecho, el término salud -salus- es una derivación de sal.

Laura Castillo Casi. Enfermera y periodista

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