yogur

Desde mediados del siglo pasado se ha convertido en uno de los protagonistas de nuestras neveras y desde que se le añaden todo tipo de complementos es una de las estrellas de los desayunos de los amantes de las dietas equilibradas. Hablamos del yogur, un derivado de la leche que ha conquistado nuestro estómago.

Ciertamente, este alimento mediterráneo goza de innumerables propiedades beneficiosas para nuestro organismo; la más conocida, sin duda, la de aportar bacterias que enriquecen nuestra flora intestinal y la de que la acción de los probióticos ayuda a la correcta absorción de los nutrientes. Elementos que lo hacen más que recomendable cuando nos vemos en la obligación de tomar antibióticos.

Pero en esta ocasión nos queremos detener en dos elementos externos que tienen que ver con la piel. Y no nos referimos a que su ingesta prolonga la tersura de la piel, sino a otras aplicaciones… digamos que más directas.

El yogur tiene un gran poder hidratante. Por ello, a falta de cremas al uso o simplemente por probar, intente hacerse una mascarilla facial con yogur. A los pocos minutos comprobará si su piel se lo ha agradecido o no. Un remedio natural y casero que seguro le resulta mas económico que una crema cosmética (según algunos, si completa la mascarilla con miel o vino, los efectos serán más palpables).

El segundo ‘truco’ es una solución de urgencia ante una quemadura solar si se ha descuidado en su exposición. Aplique yogur natural en la zona. Sus enzimas y probióticos ayudarán a una recuperación más rápida de la piel y a aliviar los estragos del exceso de sol. Proporciona un extra de energía necesario y garantiza la sensación de bienestar; después, ha demostrado ser un aliado para la recuperación, pues sus carbohidratos ayudan a reponer las reservas de energía y las proteínas reparan los músculos tras el ejercicio.

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