Pappochelys tortugas

Imagen de la Agencia Sinc

Los zoólogos saben lo complicado que resulta seguir el proceso evolutivo de las tortugas. La escasez de fósiles hace muy difícil reconstruir su evolución. Por eso es una noticia el que se encuentren restos de reptiles primitivos sin caparazón que ayuden a esta labor casi de detective.

Un equipo internacional de científicos ha descubierto un nuevo ejemplar en el lago Vellberg (Alemania), de 240 millones de años de antigüedad. Suponen que es el puente entre las tortugas primitivas y las modernas. La han bautizado como Pappochelys –’abuelo’ y ‘tortuga’ en griego–.

Los fósiles de Pappochelys se encontraron en los alrededores de un lago, un indicio razonable para pensar que las primeras tortugas habitaban zonas húmedas, en un lago de agua dulce que tuviera una rica fauna de peces, anfibios y pequeños reptiles.

El fósil no tiene caparazón, pero contaba con costillas anchas y una serie de huesos a lo largo de su vientre y también con  diápsidas -pequeñas aberturas que se encuentran detrás de la cuenca de cada ojo- en su cráneo.

Estas diferencias con las actuales diápsidas dan la razón a la hipótesis de los evolucionistas moleculares, que sostenían que estos reptiles procedían de la familia de los lepidosaurios (lagartos y serpientes), que actualmente presentan estos orificios.

Posteriormente, en otro salto evolutivo, ese tronco grueso permitió que los huesos y los nervios se fusionaran entre sí, dando lugar al caparazón actual de las tortugas.

Este nuevo fósil es un eslabón entre el Eunotosaurus, la tortuga más antigua conocida hasta ahora, de 260 millones de años de antigüedad, y las tortugas posteriores.

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