Tonto

Si algo ponen de manifiesto cierto tipo de programas de convivencia -los ‘realities’ en todas sus versiones posibles: de famosos, de anónimos, de aventureros- que algunos califican como basura y otros elevan a la categoría de experimento social es que la convivencia es algo realmente complicado.

El desarrollo social y nuestra propia evolución como especie nos han determinado como animales sociales; es decir, animales que vivimos en grupo. En otras especies, esta necesidad se traduce en una reglas cerradas mediante las cuales cada miembro de la comunidad ejecuta un papel.

En nuestro caso, la cosa se complica. Básicamente, porque ‘caemos’ dentro de una comunidad que en la mayoría de los casos no hemos podido elegir o que hemos elegido a medias. Por ejemplo, vivimos en un determinado barrio pero la compatibilidad o incompatibilidad con los vecinos no está asegurada.

Del mismo modo, elegimos a una pareja para compartir nuestra vida, pero esa pareja viene con ‘paquete’ en forma de suegros, hermanos y demás parentela que nos puede mortificar la existencia. Y del mismo modo, los afortunados que pueden elegir un trabajo para desarrollarse no pueden elegir ni la empresa ni los compañeros de trabajo.

Centrándonos en este último aspecto, el laboral, la convivencia con nuestros compañeros es una prueba de fuego, ya que es un mundo de desiguales pero donde no necesariamente la gente está colocada en la pirámide jerárquica en función de sus actitudes y aptitudes.

Y eso, acaba por afectarnos en todas las facetas de nuestra vida. Por ejemplo el trabajar con ‘tontos’ nos acabará dañando de modo irreparable. En un estudio realizado en Norteamérica, cómo no, se puso de manifiesto que cualquier intento de superación laboral se topa con un freno imposible de evitar: trabajar con tontos actúa como un elemento desmotivador que acaba por ‘desengancharnos’ de un trabajo que nos apasiona.

Los malos colegas además de hacerte sentir mal, merman el desempeño laboral de las personas que interactúan con ellos.

Para algunos resultará obvio, pero lo preocupante, a nuestro modesto entender, deriva del hecho que hemos construido una sociedad de oportunistas y no de oportunidades y que del mismo modo en que nos empeñamos en decir que somos la especie más inteligente del planeta, también hay que afirmar que estamos muy lejos de estar en el gobierno de los mejores, algo que los animales grupales sí han conseguido hacer.

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