límites del humor

Afortunadamente, somos muchos los que nos dedicamos a esto de la divulgación científica y tampoco nos consideramos los más originales. Por ello no nos duelen prendas citar otros trabajos realizados por nuestros colegas.

Es el caso de este post leído hace unos días sobre el sentido del humor, del que dejamos un amplio extracto y el link al original. Es una atinada visión sobre los límites del humor, ahora que los políticos parecen haberlo perdido y tiran de dimisiones sin despeinarse. Una vez más oportunidad y oportunismo del que hacen gala, por eso lo oportuno de la reflexion de Antonio Martínez Ron en vozpopuli.com.

“En octubre de 2001, apenas tres semanas después de los atentados del 11-S, el humorista Gilbert Gottfried hizo la primera broma pública sobre los ataques a las Torres Gemelas. En presencia del selecto público del club Friars, en Nueva York, Gottfried dijo que había intentado sacar un billete de avión, pero no había vuelos directos porque tenían que ‘hacer primero una parada en el Empire State Building’. La gente respondió con abucheos y gritos de ‘¡Demasiado pronto!'”….

El psicólogo Peter McGraw lleva años investigando qué es lo que diferencia una broma graciosa de un comentario ofensivo. Lo que demuestran sus estudios es que cualquier evento catastrófico, ya sea un terremoto, una guerra o una matanza, puede terminar siendo objeto de chiste una vez que hemos establecido suficiente distancia respecto a los hechos. Pero, ¿cuánto tiempo?

Un equipo de la Universidad de Texas analizó los tuits después del huracán Sandy y descubrió que la gente no consideraba divertidas las bromas sobre la catástrofe en los siguientes 15 días, que el momento de mayor popularidad de los chistes se producía unos 36 días después y que transcurridos 100 días volvían a perder la gracia. En un trabajo de 2012, McGraw preguntó a varios voluntarios qué les parecía más gracioso, si ser atropellados por un coche hacía cinco años o haber sido atropellados el día anterior. El 99% respondió que necesitaba el plazo más largo para encontrar algo de divertido en un evento así. Sin embargo, cuando les hizo la misma pregunta sobre golpearse un dedo la respuesta fue a la inversa. En otro ejercicio les contaron a los voluntarios que una persona había donado 2.000 dólares accidentalmente al mandar un SMS con el móvil. Y la historia les hacía más gracia si le sucedía a una desconocida que a una amiga, pero si se contaba el mismo caso con una cantidad menor, de 50 dólares, la valoración era justo al revés.

“Las mejores bromas cogen algo horrible y lo convierten en estúpido”.

La conclusión de McGraw y su equipo es que nos reímos cuando algo que nos parece una amenaza es en realidad inofensivo – como sucede con las cosquillas – y que hacemos humor de los eventos con los que podemos establecer una distancia, ya sea geográfica, temporal o mental. “El humor emerge de situaciones potencialmente negativas”, asegura McGraw. Esto puede parecer contraintuitivo, añade, pero así es como funciona nuestra mente…

Termina en: ‘Lo que dice la ciencia sobre los límites del humor’.

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