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Cada día son más los adeptos de esa manera de entender el equilibrio alimentario con la realización de periodos de ayuno para eliminar impurezas o depurar. El ayuno se abre paso, y no solo como método ‘limpiador’, también como estrategia para adelgazar.

La mayoría de este variopinto número de teorías se basa en la filosofía oriental y las prácticas de los yoguis indios. Y bien sea por el número o por la calidad de los practicantes, lo cierto es que este tipo de dietas empieza a tener la consideración de la ciencia, digamos, más clásica.

Un estudio publicado en ‘The American Journal of Clinical Nutrition’, bajo el título ‘Health effects of intermittent fasting: hormesis or harm? A systematic review’, realizado por el dr. Benjamin D. Horne, aporta cierta luz sobre el asunto.

Su trabajo, analizando previamente otros estudios sobre la eficacia del ayuno, concluyen que efectivamente se producen beneficios de manera genérica, pero matiza que la relevancia clínica todavía no está probada de manera fehaciente y que hay que tener mucho cuidado a la hora de someterse a esa dieta absoluta.

Entre esos beneficios, se concreta como significativos la reducción de la grasa corporal, colesterol LDL , triglicéridos y proteína C reactiva. También el aumento de la hormona de crecimiento, que facilita la liberación de ácidos grasos. Unos beneficios que se alcanzan por la inanición.

Pero esa ausencia de alimentación también provoca ya pérdida excesiva de peso (masa corporal), anemia, diarrea crónica, deshidratación y un descenso de las defensas. Es decir, que siendo aparentemente beneficioso, su abuso o su práctica sin control puede desembocar en consecuencias fatales.

En definitiva, un sí y un no a la vez, porque la línea que separa los beneficios de los perjuicios no está claramente trazada todavía y está por determinar de manera científica la duración y el tiempo que han de mediar entre los periodos de abstinencia.

Ante eso, solo cabe una recomendación: si es de los partidarios de utilizar el ayuno como elemento depurativo, hágalo, pero siempre sometido a control médico.

Laura Castillo Casi. Enfermera y periodista

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