mosquito

El tema es recurrente en verano, pero si no fuera por las largas noches de insomnio que provoca la canícula y la observación paciente de su vuelo y su sonido, seguramente no nos hubiéramos parado a escribir estas líneas.

Eso, y contemplar cómo el maldito insecto volador, en esta ocasión sin su aleteo en forma de trompeta, se paraba una y otra vez en mí y dejaba reposar alegremente a mi ‘santa’. El asunto es que prefería mi anatomía y como no creo que el j… mosquito se hubiera enamorado de repente, me levanté con la intención de descubrir qué es lo que me convertía en apetecible bocado mientras la respetaba a ella.

Así que me puse a buscar por internet posibles causas que hacen de mi sangre un encanto irresistible para el paladar de estos insectos. Parece que la clave está en el olor corporal que despiden las personas, y ese olor varía además por la genética, el grupo sanguíneo, la emisión de CO2, las bacterias o el ácido láctico.

Pero sin duda, lo que más me sorprendió es comprobar que la literatura científica al uso pone el acento en la temperatura corporal como uno de los elementos que atraen a estos insectos. Y dentro de ello, apunten que algo tan saludable en verano como darle a una ‘rubia’ bien fresquita sea causa de noches de acción y mañanas llenas de sarpullidos.

De hecho, el alcohol, aunque sea en baja graduación como la cerveza, puede hacer que nos piquen más los mosquitos. Al menos, por esta causa la ingesta de cerveza aparece en todos los ránkings elaborados para determinar quiénes son los blancos preferidos de los mosquitos.

Creo que, visto lo visto, me pasaré a otro tipo de bebida refrescante para pasar el calor… ¿O casi mejor me arriesgo y sigo retando al mosquito picador?

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