cava y cuchara

Yo no sé ustedes, pero a mí siempre me ha parecido curiosa esa costumbre de algunos que van de sibaritas por la vida de introducir una cucharilla en las botellas abiertas de bebidas espumosas. Dicen que para que no se les escape el gas. Y la verdad es que fundamento fundamento no tiene mucho.

Salvo que la cuchara sea de plata, y aun así poquito, ese aparente truco casero no vale de nada. Si quiere ralentizar que se le pierdan las burbujas, lo que tiene que hacer es mantener frío el recipiente -la botella- y eso se consigue simplemente metiéndola en la cubitera con agua o con hielo.

Por supuesto que el mejor remedio es el tapón hermético, pero si no lo tiene a mano es cuestión de tirar de las leyes de física elemental y ver cómo se comportan los gases. Los átomos y moléculas que los forman se mueven con absoluta libertad -se escapan- pero tienden a condensarse -a convertirse en líquidos- a temperaturas muy bajas.

Por eso, según desciende la temperatura donde se hallan, sus movimientos se vuelven más lentos y sus posibilidades de pasar del espumoso al ambiente se ralentizan. Lo de la cucharilla de plata tenía su aquel por aquello de que la plata es un gran conductor del calor. Al estar en contacto con el cristal, absorbe el calor de la botella y hace que el recipiente se mantenga algo más frío. Y como decíamos antes, a mayor frío mayor lentitud de que su bebida pierda burbujas.

Pero insistimos, lo que mejor frena la salida del dióxido de carbono es el frío y para ello basta con la cubitera con agua o el hielo.

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