testosterona

Problemas de ‘doping’ aparte, en torno al deporte de la alta competición de vez en cuando surgen noticias, con mujeres como protagonistas siempre, que ponen en cuestión la feminidad de los atletas y su sexo. Una colección de informaciones que, en ocasiones, acaban en la página de sucesos por los ‘daños’ colaterales sufridos por esas mujeres que son públicamente vejadas, humilladas y cuestionadas en los más íntimo de su ser.

La última tiene como protagonista a la corredora india Dutee Chand, una mujer que de manera natural producía más testosterona de lo normal y que puso la lupa de los organismos sobre ella. Chand padece hiperandroginismo, exceso de hormonas masculinas, esencialmente testosterona.

Teóricamente eso le da una cierta ventaja sobre sus rivales, motivo por el cual la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) determinó que o se sometía a un tratamiento médico o le retirarían la licencia para competir. Afortunadamente la ciencia se puso de parte de la corredora y, lo miren por donde lo miren, salvo lo del cromosoma XY o XX no existe ninguna regla que determine qué es masculino o qué resulta femenino.

Es decir, que en el mundo de los sexos no existen per se cromosomas y hormonas de género. De hecho, durante el juicio, porque cuando se cuestiona a una deportista el asunto acaba en los tribunales, ninguno de los peritos acreditados -científicos- pudieron indicar cuánta ventaja aportaba esa producción natural de la hormona frente a sus rivales.

De hecho la sentencia es histórica, porque el tribunal determina que si producir más testosterona de manera natural afecta a la competición, ¿por qué no se aplica también a los hombres? Y también afirma la sentencia que esa superproducción hormonal no la convierte en hombre.

De un estudio del propio Comité Olímpico Internacional mostró que el 13,7% de las atletas tienen niveles de testosterona sobre el rango habitual de las mujeres, y que un 4,7% tienen niveles que entran en la horquilla de lo considerado masculino.

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