Homo sapiens

Si nos damos una vuelta por cualquier museo o somos aficionados a la antropología y la fisionomía, podemos comprobar cómo hemos cambiado de rostro a lo largo de nuestra evolución. Y no nos referimos precisamente a los cánones de belleza al uso, sino a los cambios en el rostro que se hacen palpables con el paso de los milenios.

Pues bien, la evolución en nuestro rostro tiene que ver con un cambio radical en la especie: el aumento del tamaño del cerebro. Una circunstancia que comportó una reducción paulatina de la superficie de la cara. De este modo, se fue remodelando con el paso de las generaciones, a lo largo de miles de años, hasta tener el aspecto en el que ahora nos reconocemos.

Hasta ahora, aunque les parezca mentira, no se había acotado el periodo en que se produjeron estos cambios. Un reciente estudio publicado en ‘PLoS One’ asegura que las alteraciones radicales del rostro humano ocurrieron en el momento en que empezaron a aparecer las especies del género ‘Homo’, específicamente con el ‘Homo habilis’ (África) hace unos 2,5 millones de años.

Posteriormente, debido a la propagación de esta especie por la Tierra se observó un desarrollo de las facciones del rostro en el ‘Homo erectus’ (Asia), el ‘Homo georgicus’ (República de Georgia), el ‘Homo antecessor’ de Atapuerca (Burgos, España) y el hombre de Neandertal, que vivió hace unos 30.000 años y es el más cercano a nosotros en cuanto a desarrollo.

Un proceso de estrechamiento y reducción de rostro culmina con el ‘Homo sapiens’, nuestro primo más cercano.

Anuncios