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Afortunadamente, el número de personas que se dedican a la divulgación científica aumenta, pero como en cualquier actividad, solo unos pocos alcanzan el reconocimiento universal. Son personas tocadas con una vara especial, como Sagan o Asimov, que son capaces de llegar al gran público y popularizar algo tan habitual en nuestro día a día pero a la vez tan complejo como es la ciencia.

Uno de los grandes nos acaba de dejar. Oliver Sacks, o si lo prefieren el autor de obras tan famosas como ‘Despertares’ -llevada al cine por Robin Williams y Robert de Niro y que abordaba el problema de la encefalitis- o ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, donde se adentra en 20 relatos en el extraño mundo de las enfermedades neurológicas: individuos aquejados por inauditas aberraciones de la percepción, que han perdido la memoria, que son incapaces de reconocer a sus familiares o los objetos cotidianos, ha muerto a los 82 años.

Neurólogo de profesión y divulgador por convicción, utilizaba los casos clínicos y enfermedades que trataba para ilustrar sus libros y para reflexionar sobre la condición humana. Gracias a él, enfermedades como el síndrome de Tourette o el Asperger son de conocimiento general.

Y afrontó su propia muerte con una cierta serenidad. En su carta de despedida de los lectores, les comentaba: “Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado”.

“Debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda” proseguía. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global”. Pero no por ” indiferencia sino distanciamiento.”

Concluía señalando: “No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud”. A nosotros siempre nos quedará su obra.

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