carbohidrato

Se acaban las vacaciones de verano y quien más y quien menos se enfrenta a comprobar si la vagancia propia de este tiempo ha causado estragos en la anatomía. Adiós a la operación bikini y bienvenidos a la cruda realidad. Pues bien, a aquell@s a quienes la báscula les ha amargado el final del estío les queremos dar una visión general de uno de los alimentos que peor prensa tienen en lo tocante a las dietas.

Lo primero que han de saber es que, si no fuera por ellos, no seríamos la especie que somos. De hecho, los azúcares, la glucosa, son la auténtica gasolina de nuestro cerebro y gracias a ellos nos hemos convertido en la especie que somos -dotada de inteligencia-.

“La capacidad para aprovechar raíces y tubérculos ricos en almidón en la dieta de los primeros homínidos es considerada un paso potencialmente crucial en la diferenciación de los primeros Australopitecinos de otros homínidos”, comenta uno de los autores del estudio publicado en ‘The Quarterly Review of Technology‘.

Ergo, cualquier dieta que los elimine puede acarrearnos problemas. Pero sigamos con las recomendaciones de carácter general. Los investigadores destacan en su estudio que la enzima que transforma los carbohidratos en glucosa son las amilasas salivares, cuya producción en nuestro organismo triplica a la de los otros primates.

Ahora bien, a pesar de esta ventaja, para los partidarios de las dietas crudas o la dieta paleolítica un dato: los alimentos crudos resultan más difíciles de procesar que los cocinados. “Los humanos modernos requieren una fuente confiable de carbohidratos glicémicos para sostener el funcionamiento adecuado de nuestro cerebro, médula renal, glóbulos rojos y tejidos reproductivos”, explican.

Dos argumentos de peso, entendemos humildemente, para ayudarnos, si nos hemos propuesto combatir el exceso de grasa, a elegir la dieta adecuada. No nos cansaremos de repetirlo. La dieta milagrosa no existe y para mantenernos en el peso ideal, lo que tenemos que hacer es practicar una dieta equilibrada -tanto en carbohidratos como en proteínas-, en las dosis adecuadas a nuestro nivel de sedentarismo y acompañarla con el ‘extra’ del ejercicio que debemos de practicar.

Laura Castillo Casi. Enfermera y periodista

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