vaso de agua

Como entramos en periodo de dieta -ya saben, los excesos del verano y habernos dejado llevar por las tentaciones- entramos también en un tiempo de controversia y de debate. En esta ocasión nos alejamos un poco del ‘mundo de las calorías’ y nos adentramos en el de la hidratación.

De sobra es conocido que somos agua en una buena parte de nuestro organismo y que por lo tanto debemos mantenernos debidamente hidratados. Ahora bien, ¿la regla de los ocho vasos de agua diaria es una práctica que hay que mantener a rajatabla? Unas recomendaciones que no solo valen para mantener nuestra piel como la de los bebés, sino también como un coadyuvante a tener el estómago lleno de algo y mantener una cierta sensación de saciedad que nos ayude a esa restricción calórica.

Pues bien, esta es la controversia en cuestión. Uno de los ‘cuestionadores profesionales’ de los mitos y métodos para mantenernos sanos, el pediatra Aaron E. Carroll, de la Universidad de Indiana, se afanaba hace unas semanas en el ‘New York Times‘ en cuestionar la evidencia científica de la ingesta -a veces imposible- de los ocho vasos de agua.

Según Carroll, está aceptado y es un hecho que nuestro organismo precisa de esos dos litros y medio de agua diarios. Pero los podemos aportar a nuestro cuerpo de diversas maneras y no solo a base de darle al vaso o a la botella. Es decir, no cuestiona el principio pero, y ahí está el quid de la cuestión, el doctor afirma que los autores de este estudio y recomendación obviaron remarcar algo fundamental: que los podemos obtener de alimentos ricos en agua, ingeridos de forma sólida, como verduras o frutas, o en forma de líquido pero con algo de sabor, como por ejemplo otro tipos de bebidas, como pueden ser el té o incluso la cerveza.

Según Carroll, el mito de los ocho vasos de agua “se cree que el origen fue una recomendación que en 1945 la Food and Nutrition Board de los EE UU, que decía que las personas necesitaban aproximadamente 2,5 litros de agua al día”. Esta cantidad coincide aproximadamente con el contenido de ocho vasos de agua. Sin embargo, continúa Carroll, “ignoraron la frase que seguía, que decía que la mayor parte de esa cantidad está contenida en los alimentos que tomamos a diario”.

Ciertamente, el agua es el mejor método para hidratarse correctamente, pero no el único. Del mismo modo, recuerda que la deshidratación es un proceso que deja numerosas pistas, no solo la sed y, por lo tanto, no es lo mismo mantenerse correctamente hidratado que sufrir un proceso de deshidratación.

Por ello, una vez más, la clave está en una alimentación equilibrada.

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