Tengo un Carlino o Pug -creo que alguna vez ya les he hablado de él-, y aunque no ronca como una locomotora antigua, hay que acostumbrarse a convivir con un sinfín de sinfonías que salen de su morrete. Bien cuando duerme bien cuando está despierto.

Como nos ocurre a todos, el organismo no resulta una máquina perfecta o mejor dicho, es una máquina perfecta que nos manda señales cuando las cosas no marchan como deben.  Ahora bien, el otro día salía de su morrillo como un silbido. Y eso me hizo reflexionar sobre la naturaleza en general y de los silbidos nasales en particular de los sonidos de nuestro cuerpo.

Podemos considerar de manera normal que los sonidos que emitimos de manera incontrolada son un mecanismo de defensa que emite nuestro cuerpo para indicarnos que algo no va como “Dios manda”. En el caso de determinadas razas de perro, indicativos de una tara genética fruto de tanto cruce controlado para conseguir el ejemplar más puro.

Pero volvamos a los sonidos de mi ‘Chapu’. Por ejemplo, el silbido de la nariz, que también es común a los humanos, se producen cuando existe un exceso de mucosidad en la nariz y obstruye la entrada o salida de aire. Nada grave, si se trata de un resfriado, pero algo a tener en cuenta porque también puede ser un síntoma de alergia -y con las alergias hay que tener más que cuidado-.

También si el silbido se repite de manera continua y sin padecer congestión, ojo que pudiera ser el síntoma de un problema en los cartílagos de las fosas nasales. Así que mucho cuidado, y ante la duda, siempre es mejor acudir al especialista.

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