Vida en el espacio

Poner el objetivo en el universo y lanzarse a buscar rastros de vida en otros planetas resulta sin duda un reto apasionante. Aunque solo sea por saber que no estamos solos. Ahora bien, el hecho de que haya vida no significa que esta sea inteligente. Y nos explicamos, todos los descubrimientos hasta la actualidad, lo único que subrayan es que se pueden dar las condiciones para que en determinados lugares puedan desarrollarse universos unicelurales, es decir bacterias. Porque en esos mundos, nosotros no podríamos vivir, salvo envueltos en auténticas campanas.

Aún así, no está demás comentar que la biología parte -y eso vale para todo- de cinco elementos cuya asociación permite desarrollar moléculas a partir de las cuales surge la vida:  el hidrógeno, el carbono, el oxígeno, el nitrógeno, el silicio y el hierro.

Y una combinación de ellos han lugar al otro elemento básico, el agua. De ahí que el principal mensaje de que determinado planeta puede albergar vida es la existencia de agua en su interior. En ese complicado puzzle, los científicos evalúan otro elemento clave, la distancia del planeta respecto a su estrella, porque determina su temperatura, es decir, que ese agua se mantenga líquida.

Ahora bien,  que haya vida no significa que haya vida inteligente. Y aquí surge otro inquietante interrogante. En territorio de la evolución, ¿la inteligencia es un factor de éxito? Pudiéramos responder que a corto plazo sí, pero a tenor de como malgastamos los recursos del planeta la pregunta queda en el aire.

Y en ese caso y teniendo en cuenta lo lejos que quedan esas tierras candidatas a albergar vida, quién sabe si las otras muestras de vida inteligente en el exterior que pudiera haber se han extinguido fruto de su ‘propia inteligencia’.

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