Luis Romero

Luis Romero

A Luis Romero

Para algunos se trata de un tratamiento despectivo para designar a determinado grupo de naturalistas. En cambio, para otros, representa todo un honor ya que les señala con el dedo como personas que se ocupan de la preservación de los espacios naturales.

Hablamos de los “Treehugger” (abrazadores de árboles). Sea como fuere parece que vivir en contacto directo con los árboles -los abracemos o no- tiene innegables beneficios en términos de salud. Y no nos referimos solo a que respiraremos aire más puro.

Un libro, Cegados por la ciencia, de Matthew Silverstone, sostiene que vivir en contacto con árboles reporta impactos positivos para la salud, en patologías como  la depresión, el estrés, y en algunas formas de enfermedad mental.  Del mismo modo otros estudios subrayan que los niños experimentan aumentos en su creatividad cuando viven en entornos verdes naturales.

Pero no crean que lo de abrazar árboles es un capricho más o menos espontáneo de los naturalistas. Abrazar árboles forma parte de los hábitos de algunos animales que, lejos de abrazar estereotipos, lo hacen para sobrevivir.

Por ejemplo los Koalas, practican este método para hacer frente a las altas temperaturas. Los investigadores encontraron que,  lejos de jadear o lamerse el cuerpo para enfriar su organismo, el mejor método para reducir la deshidratación corporal es precisamente abrazarse a los árboles.

El contacto de la piel con la corteza contribuye a ello, porque los investigadores probaron que podría haber hasta cinco grados de diferencia entre la temperatura del tronco del árbol y  la temperatura del aire.

Es decir, que nos sugieren que los árboles son un hábitat importante para paliar los efectos del calor extremo (por encima de los 30 grados). “El acceso a los árboles (abrazarlos) puede ahorrar alrededor de la mitad del agua a un koala y tendría que mantener la calma en un día caluroso”.

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