beber y fumar

Si preguntamos inocentemente, la mayoría de la gente que bebe se define como bebedor social, es decir, que liga el consumo de alcohol a su vida social y que cuando está en casa es tan abstemio como un anacoreta. Algo parecido, aunque en bastante menor grado, ocurre con los fumadores que cuando menos reconocer que fuman más cuando están con gente frente a unas copas.

Y tiene su lógica científica, porque se trata de los adicciones -tabaco y alcohol- que van de la mano. Un estudio publicado en ‘Journal of Neuroscience‘ pone de manifiesto los circuitos neuronales de tabaco y alcohol transitan por las misma vía y que una cosa llama a la otra. Vamos que cuando bebemos se nos disparan las ganas de fumar.

Ambas adiciones -cuando las satisfacemos- aumentan la producción de hormonas del placer y activan las zonas de nuestro cerebro que forman los circuitos de la recompensa. Además, en el estudio realizado con animales, los científicos comprobaron que al ser estimulante la nicotina, ayuda a vencer la somnolencia que provoca el alcohol.

Más allá de la curiosidad o asombro que puede producir en el común de los mortales este tipo de investigaciones, lo cierto es que se acometen con un propósito definido: crear mecanismos para luchar contra las adicciones.

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