pizza

Como estamos en época de atracones y de aparcar la dieta, es el momento oportuno de deslizarnos por el mundo del placer por la comida. ¿Por toda? Pues va a ser que no, que no todas las comidas por mucho que nos empeñemos son iguales, y del mismo modo que algunos las dividen en sanas y menos sanas, también podríamos hacer otra entre las adictivas y las no adictivas.

Vamos, que el mundo de la alimentación tampoco es neutro y existen una serie de platos a los que no podemos decir que no. Como se lo están imaginando, la llamada comida basura se lleva la palma entre los alimentos adictivos y dentro de estos productos, la pizza es la reina.

Y no muy lejos, como tampoco podría ser de otro modo, chocolate, tartas y las patatas fritas. La explicación, como pueden suponer, tiene una base científica y tiene que ver con las tan traídas y llevadas hormonas del placer, las que provocan en nuestro cerebro una sensación de bienestar que nos invita a dar uno y otro bocado sin parar a nuestra pizza.

Pero además, en el caso de la pizza actúa otra sustancia: la caseína. Una proteína que estimula también los receptores neuronales que regulan el placer y el dolor. Y dónde ¿se encuentra en abundancia?, pues en uno de los componentes básicos de la pizza: el queso. Esta proteína se estimula, y de qué manera al procesarla con los otros ingredientes de esta comida.

Así que ya saben, al menos durante estas fiestas, dénse el correspondiente atracón y ante los inquisidores, sencillamente, declárense simplemente inocentes, que ante la tiranía de las hormonas nadie puede hacer nada.

Anuncios