discusiones familiares

Pasaron las fiestas y ahora, con una cierta distancia, podemos respirar tranquilos. Atrás quedaron las tumultusosas relaciones familiares con sus discusiones y broncas. Pero…no piense que hasta el próximo año adiós a molestos parientes, que las secuelas les quedan para siempre.

Sí, porque aunque parezca mentira, no hemos nacidos ni para discutir ni para la guerra, y las disputas acaban pasando mella a nuestro organismo. De entrada, por aquello de comenzar por ‘el tejado’ ha de saber que cuando discutimos nos ponemos en alerta, es decir, que nuestro cerebro se pone en fase de peligro y se ponen en marcha todos los mecanismos -hormonas- de protección.

O sea, primera conclusión, estrés al canto. Eso por no contar, que al alterar nuestro organismo, aumentan nuestros niveles de cortisol, lo que nos afecta a la memoria a corto plazo (seguro que le ha pasado que en medio de la bronca se le olvidan hasta los argumentos). Y cuidado, que de prolongar las discusiones eso puede producirnos un deterioro cerebral para manejar situaciones sociales.

Pero también hay secuelas en el organismo, porque ya conocemos que el estrés, de entrada nos agota físicamente, nos produce aumento de la presión arterial y, por lo tanto un deterioro a medio plazo de nuestro sistema cardiovascular.

Así que de cara a las próximas fiestas, ya sabe, no discuta y, si no puede evitarlo, piense mi merece la pena pasar de este modo las fiestas navideñas.

Anuncios