testosterona

Los investigadores siguen buscando al eslabón perdido que creó la primera rama de nuestro árbol genealógico como humanos. La última pista indica que va a ser cierto eso de que la evolución camina parejo a la femeneización de la sociedad.

Y nos explicamos. Si algo distingue a los machos de nuestra especie de las hembras son los niveles de una hormona, la testosterona. Tradicionalmente se relaciona su alto nivel con una mayor agresividad y menor empatía con los demás.

El caso, es que su presencia en nuestro organismo deja una huella fisica, en concreto en la forma del cráneo. Pues bien, tomando como parámetro este elemento, un grupo de investigadores norteamericanos ha comprobado que la evolución de nuestro rostro está marcada por la reducción de la zona superior del rostro y del arco superciliar, es decir, por la reducción de la testosterona.

Los investigadores concluyen que esta reducción de testosterona fue pareja a la obligación de los humanos de trabajar en equipo para obtener más recursos para su supervivencia. O sea, que lo de la trasformación de nuestra civilización y, por ende, el progreso también se escribe en femenino.

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