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Vale, tenemos inteligencia. Pero eso no nos obliga a demostrárselo continuamente a nuestros semejantes. O mejor dicho, si pero no en forma de pensamientos profundos que demuestren nuestra brillantez o nuestra gran capacidad de acumular conocimiento.

De hecho, esa manía por lo grandilocuente, particularmente pienso que se convierte en una auténtica obsesión. Y claro, con el desarrollo de las redes sociales, esa necesidad de epatar al prójimo se hace casi patológica y hala, a inundar muros ajenos y propios con frases de gran calado.

Y mira que ya lo dice el refranero….”dime de lo que presumes y….” El caso, es que las redes preocupan también a los investigadores y mira por donde se han propuesto descifrar si los ‘copiadores’ o ‘fabricadores’ de estas rimbombantes frases son más inteligentes y trascendentales que quienes no.

Las conclusiones son como podríamos pensar son desfavorables para quienes inundan sus muros con frases. A juicio de los investigadores, muy duros por cierto,  resultan ser “menos reflexivos”, cuentan con “menos habilidades cognitivas (menos fluidez verbal) y son más dadas a la confusión filosófica”.

El estudio no tiene desperdicio, y muestra que los participantes quedaron epatados con frases sin sentido, pero aparentemente profundas de un buen número de frases que podríamos denominar pseudofilosóficas.

Así que ya sabe, a borrar de su muro esa retahíla de frases y si quiere demostrar su inteligencia, hágalo en los actos cotidianos, como por ejemplo, ayudar a no destruir el planeta.

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