Tripofobia

El mundo de las fobias -en los humanos- resulta realmente curioso y en la mayoría de los casos responde a un denominador común: se despierta en nuestro cerebro el mecanismo del miedo -de alerta- y hace que tengamos reacciones de lo más dispares.

Dentro de ese mundo fóbico -todos son irrracionales- es particularmente curioso la reacción de algunas personas cuando se topan con una red de agujeros o muescas cóncavas muy juntos, como, por ejemplo, ocurre con las esponjas de baño, un queso gruyere o un panal de abeja.

A esta fobia se le denomina tripofobia y se caracteriza con la presencia de vómitos o arcadas. La denominación médica fue acuñada por los investigadores británicos Arnold Wilkins y Geoff G. Cole. El término fue acuñado en 2005, como una combinación del griego trypo (puntazo, perforación o perforar agujeros) y fobia.

Además del vómito, ante tan amenazantes presencias, pueden aparecer la sensación de hormigueo en el estómago o con la aparición de un prurito en la piel (picores). Para los científicos estos síntoms, tanto el primero como los restantes, obedecen a problemas físicos y no tanto que la tripofobia sea resultante de la cultura dominante.

El caso es que es más común de lo que parece y la tripofobia afecta a un 15% de la población del mundo y, dentro de esta, afecta más a las mujeres que a los hombres.

No en vano, el 15% de la población padece tripofobia (el 18% de los casos es en mujeres y el 11% se da en hombres). Un estudio publicado en Quarterly Journal of Experimental Psychology analiza y disecciona todos los síntomas de esta nueva fobia que se abre paso aceleradamente entre los humanos.

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