Los flacos las prefieren gordas

Los refranes dicen que se llega al corazón de los hombres a través del estómago. ¿Una leyenda urbana más?  Quién sabe, lo que si parece que es cierto es que el hambre nos hace cambiar de gustos, y curiosamente, los estudios científicos señalan que esta sensación hace que los delgad@s prefieran a los gord@s.

Y no es precisamente por la tendencia a los contrastes que manifestamos los humanos, sino que el asunto, una vez más tiene que ver con las hormonas. Ya saben, que las hormonas valen para un roto y para un descosido y que cumplen con varias funciones a la vez.

Resulta que la zona del cerebro que controla el hambre también es la encarga de regular  la libido.  Y el semáforo lo abre la oxitocina, que además de ser la hormona del amor es también la que controla el apetito.

Los psicólogos aseguran que “sexo y  hambre son dos impulsos básicos” y que cuando alguien siente hambre, esta hormona promueve la búsqueda de alimento, más que de un compañero sexual. Por eso puede suceder que en forma inconsciente se elija un compañero que sea capaz de “alimentarlo”.

Sin embargo, una vez que el estómago está lleno las cosas vuelven a su sitio y la oxitocina nuevamente actúa sobre la libido, retroceden esos sentimientos surgidos con el hambre y ‘recobrarmos’ nuestra preferencias por los compañer@s de siempre.

Viren Swami, psicólogo de la Universidad de Westminster, en Inglaterra, lideró un estudio donde se confirmaba esta tendencia.

Curioso. ¿No?

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