Comer verduras no siempre resulta sinónimo de buena salud o de alimentación equilibrada. Porque eso de “yo como ensalada” sin contar cómo o con qué la aderezamos no vale y desde luego no cuenta necesariamente como como dieta adecuada.

Y siempre que pensamos en comer mal, nuestros ojos -y nuestros estómagos- se dirigen inmediatamente a los restaurantes de comida rápida. Y una vez allí nos entra la mala conciencia y rebajamos el grado y, en lugar de una sabrosa hamburguesa, nos conformamos de mala gana con una de las ensaladas que nos ofertan.

Y después nos volvemos a casa con el estómago gruñendo y con la conciencia tranquila. Y no, de conciencia tranquila nada, porque igual  nos hemos ‘metido p’al cuerpo’ tanta caloría y grasas trans como si nos hubiésemos ‘zampado’ una burguer tamaño XXL.

Hace unos años, una organización de defensa de los consumidores realizó un estudio de para conocer el contenido de sal, grasa y grasa saturada en los alimentos servidos en los restaurantes de comida rápida:

Estos son los resultados para las ensaladas:

– Una ensalada César o de pollo, con la salsa de aderezo recomendada por el establecimiento, puede aportar más de un 50% de la CDO de sal para una persona sana,  superando la cantidad de sal/sodio recomendada para la población hipertensa. Si optamos por el aderezo ligero, la vinagreta balsámica, también superamos la cantidad de sal recomendada para los hipertensos (no más de 1,5 g de sal al día).

Y eso por hablar solo de la sal, que no hay que olvidar que ‘los tropezones’ de estas ensaladas habitualmente son fritos.

Lo dicho, lo del verde esta bién, pero sin hacer trampas y añadirle extras.

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