La genética está presente en todos los aspectos de la nueva medicina. En definitiva, se trata de acudir a la fuente de la vida y, por ende de los problemas. Sus aplicaciones en óptica se llama optogenética y nació a principios del milenio. Se basa en la combinación de la genómica con la óptica y en un principio revolucionario: activar o desactivar determinadas neuronas utilizando luz.

El primer éxito consistió en borrar los malos recuerdos de la mente. Con él se abre un campo realmente interesante para tratar enfermedades neuronales como pueden ser la epilepsia, párkinson o depresión… y según los últimos indicios la ceguera.

Los experimentos humanos comenzarán en breve en un laboratorio de Michigan, y la prueba consiste utilizar haces de liz para ‘encender’ distintas células del ojo y, con ello, recuperar la visión a pacientes que padecen retinitis pigmentosa.

Se trata de una rara enfermedad que se caracteriza por la presencia de depósitos oscuros en la retina. Afecta a aproximadamente a 1 de cada 4,000 personas en los Estados Unidos.

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