Lo de la contaminación no tiene nombre. No solo nos mata, sino que mientras intentamos sobrevivir a ella nos engorda. Exactamente, como lo están leyendo, exponernos al aire contaminado de las ciudades acaba por hacernos ganar peso.

Y para probarlo, un grupo de investigadores sometió a un grupo de animales de laboratorio a la prueba de vivir en una de las ciudades más contaminadas del planeta. Y observaron que los roedores expuestos a la contaminación de la ciudad de los mandarines tenían entre un 10% y un 18% más de peso que sus congérenes.

Parece ser que las partículas nocivas en suspensión que ensucian el aire de Pekín provocan de manera rápida cambios metabólicos y desencadenan procesos inflamatorios en el organismo que acaban por alterar la manera adecuada de procesar los alimentos y, acaban, por hacernos engordar.

De hecho los investigadores con su prueba podrían haber encontrado una explicación a los elevados índices de obesidad que se están produciendo en la sociedad china industrial del momento. Las cifras son realmente preocupantes, ya que la obesidad afecta al 11% de la población de entre 20 y 39 años de edad.

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