Los mayas siguen fascinando a media humanidad. Esta civilización que acabó sucumbiendo tras la colonización, aunque por mucho que se empeñen algunos no fue a causa de ella -que ya llevaban el germen de la autodestrucción bastantes generaciones antes de la llegada de los españoles- nos ha dejado un importante legado que atrae a muchos.

Y no solo en forma de construcciones que nos recuerdan su grandeza, sino también en avances científicos y en forma de misterio. Pero dejen que nos detengamos solo en el segundo apartado de los tres mencionados. Y en concreto de algo que nos fascina y que ha quedado patente en su capacidad tan precisa para medir el tiempo o en la manera en que fueron capaces de ‘construir’ su maravilloso y enigmático calendario.

Porque por mucho que les debamos a los árabes -los occidentales al menos- en torno a las matemáticas, no sería de recibo pasar por esta disciplina sin rendir un particular homenaje a este pueblo americano y su particular sistema de numeración que les permitió realizar cálculos precisos a la hora de medir el tiempo.

En la numeración maya hay sólo tres símbolos para representar los números: el punto que representa uno, la barra que representa el cinco y el caracol para representar el cero. Pero estas formas pueden variar según su uso. Así también, los mayas llevaban a cabo operaciones aritméticas como las multiplicaciones de manera compleja y sencilla a la vez, ya que no necesitaban memorizar tablas de multiplicación.

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