No se me dejen llevar por lo romántico que este post no derrota por esos lares sino más bien por una cuestión de supervivencia. Nos referimos a esas ‘costumbres’ de algunos insectos, o mejor dicho ‘insectas’ de comerse al macho tras la cópula.

Este canibalismo es francamente famoso gracias a la mantis regiliosa, pero también lo practican otros, como arañas y artrópodos. El caso es que los investigadores han descubierto que los sufridos machos desarrollan sus estratagemas para evitar ser engullidos en el último beso. Los machos de las arañas vivero (Pisaurina mira), aunque no hayan leído las 50 sombras de Grey, se decantan por el ‘bondage’:  atan con hilos de seda a la hembra y la inmovilizan.

Según un estudio publicado en  Biology Letters, los científicos no habían detectado que en esta especie se producía canibalismo sexual. Y eso es gracias a la evolución. Sus patas se han vuelto más largas que las de las hembras para poder envolverla con seda, antes o durante la cópula.

En el experimento, ‘los malvados’ científicos inhabilitaron la producción de seda a los machos y comprobaron que tras la cópula eran devorados por las hembras.

En esta ocasión, la evolución ha jugado en favor de los machos de la especie y les ha ofrecido una nueva oportunidad para seguir gozando de la coyunda.

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