No somos muy dados a recomendar libros en mqciencia.com, y la verdad es que no hay un motivo claro porque no hay mejor placer que la lectura. Así que como cualquier momento es bueno para introducir novedades en nuestra rutina, allá va uno que va precisamente de eso, del placer: “El compás del placer”, de David Linden, profesor de Neurociencia en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore.

El autor se adentra en este proceloso mundo que, al menos al los humanos nos hace diferentes. Porque en cuestiones de placer, cada uno tiene sus propias preferencias. Sea como fuere todo depende de una sustancia, la 3,4-dihidroxifenilalanina. La llave que hace que se enciendan el proceso activando a otras células nerviosas del cerebro. O si lo prefieren la dopamina.

Linden asegura que “hay algunas de las cosas que nos gustan porque estamos programados para que nos gusten, como consumir alimentos, tomar agua y tener relaciones sexuales”, pero otras son aprendidas o dependen de nuestra experiencia personal, como por ejemplo ocurre con deterninado tipos de comidas en determinados países.

Eso, en lo tocante al placer que podríamos denominar primario, pero hay otros placeres como el deseo, amor o la belleza, que se activa mediante estímulos visuales. Porque no todos los placeres son iguales o provocan el mismo tipo de respuesta. “Si uno piensa en el placer que nos da la comida, se siente muy distinto al placer de la música”, matiza el autor.

El caso, es que el placer que experimentamos cuenta con tres fases definidas: primero surge el deseo: anticipación, anhelo, ansias, luego sucede un periodo de gusto de disfrute y, finalmente, la saciedad o la satisfacción.
¿Por qué insisten en controlar nuestro placer?

El autor, llegado a este punto se hace una interesante reflexión, y es la intensidad con la que los rectores de la sociedad intentan regular y marcar nuestras áreas de placer, bien sea a través de normas o preceptos éticos o de valores o dogmas religiosos.

“Yo creo que les preocupa mucho nuestros placeres porque son los que rigen nuestra conducta. Son muy fuertes. Para estas instituciones eso representa una amenaza pues las cosas que son altamente placenteras puede alterar el orden establecido”, concluye.

Lo dicho, disfruten de la lectura de este libro.

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