En concreto el baloncesto ofrece un modelo que se asemeja al proceso evolutivo de las especies. Al menos eso sostienen cuatro investigadores de las Universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Playa Ancha (Valparaíso, Chile).

Los científicos aseguran que el desarrollo de un partido de baloncesto, y su resolución final, tiene mucho más que ver con las mismas leyes que rigen la evolución que con el azar. “El flujo y el diseño del juego en el baloncesto puede describirse igual que el de muchos sistemas naturales”, de modo que los equipos de este deporte se pueden estudiar como si se tratasen de “sistemas autoorganizados”, afirman.

En definitiva, analizan este deporte bajo los parámetros de la genética de poblaciones, las teorías de juegos y la física. Leyes que hacen que las poblaciones evolucionen y consigan mantenerse.“Se trata de cooperar sin esperar reciprocidad, sin egoísmo”, argumentan.

“La colaboración entre compañeros permite al equipo competir contra otros. Pero, al mismo tiempo, la confrontación entre equipos genera situaciones críticas, que propician una selección de jugadores. Parece simple, pero no lo es. Los datos recopilados demuestran que el 63% de los partidos se resolvieron por diferencias menores a once puntos, muchos de ellos en 60 segundos finales en los que puede pasar de todo y en el que desempeñan un papel clave las faltas (representan el 94%)

En esos momentos, los equipos se comportan bajo el “efecto Reina Roja”, una hipótesis que sostiene que las especies se ven obligadas a mejorar continuamente solo para mantenerse.

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