Eso de comerse a tus congéneres no parece, a priori, algo de buen gusto. A pesar de ello, existen pueblos o comunidades que lo practican de manera habitual. Forma parte de ‘rancias’ tradiciones que tiene que ver con supuestos principios ‘religiosos’ y que nos repugnan a ojos vista de ciudadano Occidental, o sea civilizado.

No obstante, parece que no todo es malo. Recientemente se ha publicado en Nature un trabajo donde se afirma que siglos de prácticas caníbales entre los miembros de los fore, una comunidad de Papúa Nueva Guinea, originó y desarrolló en algunos de sus miembros una mutación que les protege de enfermedades neurodegenerativas incurables.

Los fore se comían hasta no hace mucho en un extraño ritual funerario la carne de sus familiares muertos. El cerebro estaba dedicado para niños y mujeres. Era su tributo al difunto y su manera de intentar que el finado permaneciera en la tribu.

El caso es que este rito fue el origen de una extraña enfermedad que fue diezmando a los miembros de la tribu. La denominaban kuru y era altamente infecciosa. La provoca la ingesta del tejido cerebral contaminado por priones. Esta partícula provoca enfermedades neurológicas como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y la encefalopatía espongiforme bovina.

Pero, y este es el quiz del hallazgo, este consumo por mor de la evolución propició una mutación que fortaleció entre algunos de la tribu un aminoácido llamado valina que sirve de protección natural contra los priones, es decir que los inmunizó contra las enfermedades que provoca.

Es decir, que gracias al canibalismo, entramos en puertas de desarrollar algún tipo de fármaco que nos prevenga o cure de estas mortales infecciones.

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