La Naturaleza es sabia, y en ocasiones finita. Por eso, por su sabiduría el código genético dejó de crecer hace 3.000 millones de años. Y lo hizo, precisamente, para salvaguardarnos, todo lo contrario en lo que nos empeñamos los humanos con nuestro entorno.

El código genético no es otra cosa que el diccionario que utilizan todos los seres vivos, es universal, para traducir los genes en proteínas y el frenazo se produjo antes de que bacterias y eucariotas evolucionaran por separado.

Y se produjo  porque se estableció el límite de 20 aminoácidos como imprescindibles para construir todas las proteínas que permiten la vida. A partir de ese número se producirían mutaciones con resultados fatales.

“La maquinaria para traducir los genes a proteínas no puede reconocer más de 20 aminoácidos porque los confundiría entre ellos, lo que produciría mutaciones constantes en las proteínas y por consiguiente una traducción errónea de la información genética de consecuencias catastróficas”.

Es la explicación que ha dado uno de los autores del estudio que ha sido publicado en  Science Advances por un grupo de científicos del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) y del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona

El descubrimiento, según sus autores puede ser de utilidad en la biología sintética. Uno de los objetivos de la biología sintética es incrementar el código genético, modificarlo para poder hacer proteínas con aminoácidos diferentes para conseguir funciones nuevas.

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