A los que libran una dura batalla contra el jabón y el agua se les escucha con frecuencia ampararse en argumentos como que nuestro cuerpo sufre con tanto lavado y que nuestra piel se resiente por tanta obsesión por la higiene.

Incluso se cobijan bajo el paraguas de estudios realizados en universidades para reafirmarse en su voluntad para no pasar por la tortura de la ducha o el baño. Uno de los que más éxito han tenido últimamente es el dirigido a principos de 2014 por el doctor Richard Gallo, de la Universidad de California, donde se afirmaba que la capa córnea, la más externa de la piel puede verse dañada por el exceso de agua y jabones, ya que se eliminan una serie de bacterias benignas que combaten las infecciones.

Pero, los defensores de este estudio olvidan mencionar otros datos del estudio y que ese supuesto factor beneficioso también depende de otros factores en cuenta, como la actividad física o el clima donde viva. Del mismo modo, olvidan otro tema clave: el tipo de jabón que se utilice.

Porque el estudio si aconseja, por ejemplo, que zonas como genitales, pies, axilas y manos precisan de un enjabonado diario y que en el resto del cuerpo, lo aconsejable es el ‘lavado de arrastre del agua’.

Del mismo modo, el estudio recomienda para proteger la piel, que el agua debe ser de fresca a tibia y no de tibia a caliente y que en lo tocante al secado, lo mejor es dejar que el aire haga su trabajo y no ayudarse de la toalla.

Y por último, los dermatólogos recomiendan que los jabones a utilizar sean compuestos por aceites vegetales, que ayudan a regenerar el manto protector de la piel y respetan el Ph.

Lo dicho, también en lo tocante a la ducha, hay que huir de los extremos y lo aconsejable es una ducha al día, pero siguiendo esas pautas.

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