Más allá del debate si el ‘sobrecalentamiento’ de rodillas y alrededores cuando posamos el portátil sobre nuestras piernas puede provocar impotencia, lo cierto es que el calor que desprende el ‘bicho’ es de lo más molesto -eso sin contar los propios problemas derivados para el ordenador-.

Así que si es de los de la cofradía del puño cerrado y no quiere ir a la tienda a dejarse unos eurillos comprando una base con sistema de refrigeración para acoplar al ordenador, refresque sus conocimientos de física.

O casi mejor si no le apetece meterse entre libros, siga los consejos de  Akinori Suzuki. Su recomendación es sencilla, consiste en apilar diez torres de seis monedas de cobre entre el borde de la pantalla y el teclado, que viene a ser la zona donde se ubican la batería del equipo.

Es un cuestión de conductividad térmica, o si lo prefieren en términos más coloquiales de “absorción del calor”. El cobre es un mineral que cuenta con una de las más altas conductividades térmicas y lo que hace es concentrar el calor en su masa y, por lo tanto, alejarlo de otras, en este caso de la carcasa del ordenador y de sus piernas.

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