Cumplir años sin duda tiene sus problemas. Pero en esta ocasión no vamos a hablar de enfermedades de la Tercera Edad, sino de manías. Está claro que nos volvemos raros con los años, uraños y que fruto de ello reducimos el número de nuestros amigos.

Pues pásmense, que compartimos esas peculiaridades con los monos. Al menos eso se desprende de un estudio realizado en Gibraltar por investigadores del Centro Alemán de Primates en Göttingen.

El estudio prueba que con “la edad, los monos se volvieron más selectivos en sus interacciones sociales”, asegura Laura Almeling, una de las autoras del estudio publicado en la revista Current Biology. “Tenían un menor número de ‘amigos’ e invirtieron menos en las interacciones sociales. Curiosamente, sin embargo, todavía estaban interesados en lo que estaba pasando en su mundo social”.

“Una teoría psicológica importante sugiere que los seres humanos se vuelven socialmente más selectivos cuando saben que su tiempo de vida ya es limitado, como en la vejez -dice Almeling-Suponemos que los monos no son conscientes de algo así. Por lo tanto, si muestran cambios motivacionales similares en la vejez, su selectividad no se puede atribuir a su conocimiento acerca de un tiempo futuro limitado”.

La explicación es bastante más sencilla y alejada de lo teológico. Sencillamente hacer amigos supone una situación que genera estrés y los monos viejos, como los humanos en la Tercera Edad, por lo general, lo que pretenden es vivir con tranquilidad y el menor estrés posible.

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