Hay que buscar acicates para cualquier cosa, y claro, y entre los propósitos para después del verano más de uno incluye el paso por el gimnasio para ponerse en forma. Pero es duro, sin duda, eso de machacarse entre pesas, bicicletas y cintas de correr y los más ‘pillos’ se dan una recompensa tras la dosis de sobreejercicio.

Para algunos, sudar la gota gorda merece un premio en forma de gran comilona -cuidado que eso puede convertirse en añadir grasa a nuestra anatomía- y otros se obsequian tras la sesión con una visita al bar de siempre, que hay que reponer líquidos.

Y esos últimos son más de lo que creen, según publica  Health Psychology, existe una relación directa entre bar y gimnasio. Y como hablamos de mecanismos de recompensa, cuidado, que el cerebro nos gasta malas pasadas y después de la primera copa o cerveza, se desata la euforia -activada por ese mecanismo cerebral- y puede venir la segunda o la tercera.

Pero  volvamos al estudio, los investigadores sentencian tras su investigación que existe un patrón de conducta que hacen que los sujetos beban más después de haber hecho ejercicio físico. “A diferencia de lo que se creía, es decir, de que la actividad física puede ser un buen sustitutivo de la ingesta de alcohol, lo cierto es que la gente que más actividad física hace consume más alcohol que aquellos compañeros que practican ejercicio físico de manera más moderada”, afirman los autores del estudio.

Así que, ya sabe, si quiere cumplir al 100% sus propósitos de ponerse en forma, incluya entre los propósitos además del gym, apartar sus pasos del camino que le conduce al bar.

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